Caminos opuestos

Qué hacer cuando te das cuenta que lo que quieres y lo que necesitas son cosas distintas? Que si obtienes lo que necesitas podrías perder lo que quieres y si consigues tu deseo lo arruinarás al no tener lo que necesitas.

Donde necesidad y deseo están partidos y corren por lados opuestos y en direcciones contrarias, y aún así para uno debes cumplir el otro.

Es un dilema extraño. Pero a veces se da. Cuando la fruta aún está verde y hay alguien que la mira de abajo con avidez y si vuelve después, la fruta ya habrá caido y será tarde. Como un juego que deseabas de niño pero para el cual no eras lo suficientemente grande y podías entreveer que cuando fueras lo suficientemente grande, ya no estaría ahí.

Qué hay que hacer? Cómo llegar a un equilibrio, un acuerdo? Cómo tender un puento entre estos dos ríos? Hay que apurar uno para llegar al otro a tiempo?

Cómo encontrar la solución para llegar dónde está tu deseo sin perdelo? Apurar tu necesidad sin desencontrarla? Dónde está la paciencia y la fuerza y la tenacidad para enfrentar los caminos opuestos y alcanzar ambas metas?

Llegadas y partidas

Llegar y partir, ¿no son la misma cosa? Cuando uno llega, ¿no parte hacia otro lado?

Para la muerte, se quiere vida. El cuerpo que muere es alimento para otros. Es lo que permite a otros seguir adelante. Un insecto, una flor. un ave. Lo que antes fueron tus pies, se vuelve alas y se desliza por el aire, o se convierte en escamas y nada lejos en el mar.

Las olas van y el agua vuelve al mar. Esa ola desaparecerá pero habrá otras olas con esa misma agua. Y tal vez, en un tiempo lejano, habrá estrella que tendrá los átomos que me forman, así como en el pasado otra estrella, muy lejos, atrás en el tiempo.

La flor que en otoño cae será alimento para las flores en la primavera. La que les permitirá desplegarse como las alas de un insecto que ha acaba de salir de su capullo.

Me gustaría que en aquel momento que no conoceré, las aves lleven mis atomos hasta las nubes. Que conozcan el vuelo sino lo han conocido ya. Que la muerte sea flores y vida. La partida una llegada, la llegada, una partina.

Casas muertas

Debería estar prohibido que se hicieran las fachadas de las casas con granito y otras rocas que normalmente tapan los nichos de los cementerios. Ya he visto varias casas con esos frentes pulidos, que parecen tumbas o, en el mejor de los casos, consultorios de dentista.

El otro día nomás pasé por una cuadra que sufría  de varias de esas casas, y en la luz de un ocaso nuboso, con los rayos que caían de entre nubes rosas, el efecto se acentuaba y bien parecía que andaba dentro del cementerio.

¿A quién puede gustarle una casa así?¿Quién son los lúgubres arquitectos que las diseñan?¿No se deprimen los obreros que las construyen?

¿Quién vive en esas casas muertas? Pareciera que nada vivo pudiera esconderse dentro de ellas, como tumbas herméticas que no dejan que ni la muerte entre. Da ganas de ponerles flores para alegrarlas, y una lápida, para aclarar sus estados.

Son las casas muertas, que ya verlas inspira silencio, y uno pasa al lado rápido y espera nunca tener que entrar en ellas.

Nadie te verá con tus ojos…

… excepto vos, en el espejo.

No intentes decidir que piensan los demás de vos, no podrás saberlo a menos que te lo digan. Y a veces ni así. No puedes verte con sus ojos, y ellos no pueden verte con los tuyos.

Nadie puede ocupar tu lugar y ver el mundo desde ahí, por mucho que lo intenten. Aunque puedan ponerse tus zapatos, nadie puede ponerse tus pies. Nadie sabe cuán sensible son tus dedos, ni cuán gastados están tus talones. Cuánto le duelen a tus pies tus millas, sólo lo sabés vos.

Nadie puede ver el mundo desde otros ojos más que los suyos propios. Lo que sentís, es tu secreto, sin importar lo elocuentemente que puedas expresarlo, no puedes darselo a los otros. Y no pueden dartelo a vos.

No te preocupes por cómo te verán los demás, no puedes saberlo. Borra esa preocupación de tu mente, para de preocuparte por lo que no puedes hacer.

El sonido que escuchas salir de tu boca, no lo escucha nadie más. No sabés cómo suenan las palabras en los oídos de los demás. No puedes compartir tu voz.

¿Por qué preocuparse por cómo te miran y cómo te escuchan, cómo te juzgan, si no puedes saberlo de antemano? ¿De qué sirve?

Sólo puedes ser vos mismo, ser fiel a tu propio canto. Seguir tus propios ritmos. Y habrá quienes, con sus propios ritmos, acompañen tus pasos.

Arte

¿Puede ser arte el garabato de los niños?¿Talento, lo que a todos nos sale sin esfuerzo?

Una curva y una lapicera y un trazo y un ligero movimiento en la cadera ¿pueden ser arte?

El tamborileo de los pies de nuestros primos en los bosques profundos, en nosotros son tambor y piano, danza y  serenatas y poemas.

La humanidad dejó su primera huella con un par de rayas que se replicaron en la arena, en la piedra y el hueso. Y luego se volvieron pintura y tela, y papel y tinta.

¿Está el arte unido a la locura del hombre? ¿O es el arte el redentor de esa locura?

En el juego, el baile, el canto y el trazo, ¿hay acaso instintos ancestrales, huellas de lo que somos o podemos ser?

¿Hay algo del simio que somos en esos ritmos?¿O tal vez, todo?

La vida de la humanidad tal vez comienza con el artista.

Los escaladores.

Reflexionar sobre la vida es de esas cosas que todos hacen en lo privado de sus mentes, y algunos pocos allí donde alguien los escuche. Todos pensamos sobre la vida alguna vez, tal vez algunos más que otros.

Tal vez haya algunos que se contentan con las reflexiones de otros, y dejan a otros tomar aquellas decisiones realmente importantes, reales, las que definen quienes somos. Se quitan así el peso de la responsabilidad sobre sus propias existencias, pero así también se quitan el alma, su capacidad de vivir, y se dedican a estar, ni siquiera a sobrevivir.

¿Es pesada la carga de la vida? A veces sí, otras no. Es como la luna, que va cambiando. Como las sierras, tiene sus altos y sus bajos. Hay que recordar eso durante los bajos y es mejor olvidarlo un poco cuando uno está en lo alto.

Y hay cerros que deben escalarse. No se los puede subir sin esforzarse, necesitan de nuestra colaboración consciente, nuestro trabajo. Pero algo extraordinario deben tener, puesto que hay muchos escaladores. Dicen que mientras más alta la cima, más duele la bajada. Pero los escaladores no parecen enterarse. Suben una cima y luego otra y otra, hasta que llegan a un punto en que parecen estar en la puna, no importan que bajen, porque siguen estando alto.

Diferentes…

¿Se apresura a juzgar la gente? El que no hace lo que esperamos, ¿es tonto, engreido o malvado?¿O simplemente es diferente y diferente su historia? Su carga, sus sueños, sus atenciones, sus fobias y sus amores, ¿por qué tienen que ser los mismos?¿Por que debería notar lo que otros notan? ¿Por qué debería pensar lo que otros piensan? Ser consciente de aquellas cosas que a otros mueven.

Hay diferencias evidentes, viven en mundos distintos el sordo y el oyente, el ciego y el que ve. Pero también hay diferencias más sutiles e igualmente insoslayables. Hay tantas diferencias sutiles, tantas pequeñeces que terminan en verdaderas guerras porque juzgamos mal y pensamos que el otro ve el mundo como nosotros, siente el mundo como nosotros, y que si no hace lo que nosotros haríamos es porque es arrogante, un cretino o un falso o, si le damos alguna duda, un estúpido o un loco.

Hay cientos, miles de historias en el mundo, combinadas con cientos de personalidades, capacidades y gustos diferentes. Nadie puede entender completamente a otro. No a menos que estemos dispuestos a aceptar las diferencias. Recordar que los sentimientos que expresamos sin duda son los mismos, aunque no los sintamos hacia lo mismo.

Porque a pesar todas las diferencias, de todos los mundos, he visto que la mayoría de la gente quiere hacer lo correcto. No hay que pensar que lo otro hace lo que hace (y que nosotros no haríamos) por maldad o estupidez, sino porque ve el mundo desde otro ángulo, porque ve otro mundo.

Cada persona es un universo entero. Y cada uno intenta vivir lo mejor que puede y cada uno necesita de cosas distintas. Y lo que molesta a uno, lo quiere otro. Y lo que a uno le hace daño, otro realmente lo necesita.

Cuadro Bellini

08 de febrero del 2011

Vacios del tiempo que acechan escondidos,
dolores de millones de mujeres que viven
y que han vivido prisioneras y ocultas,
en culturas que las castigan sólo por nacer.

Borde de ciudades extrañas oscurecidas
por el cielo que se despeja después de la tormenta.
Un despertar y un sueño que no termina,
donde la oscuridad todavía no soltó a su presa.

Aquellas a las que la luz toca reviven,
tal como flores faltas de agua; abren
las hojas que toca la esperada lluvia
después de una larga, angustiosa sequía.

Despiertan los vientres rebozantes de vida,
se llenan los pechos abandonados,
se suelta la desnudez de las almas
reflejando al cielo en llamas.

Cambio

Escrito originalmente el 27 de junio de 2010

¿Cómo se entiende el cambio?¿Cómo se abraza? Hay cambios que se suceden sin que uno tenga tiempo a reaccionar. De pronto estamos inmersos en una realidad nueva. Y parece que en vez de nueva fuera vieja, muy vieja y conocida. El cambio se sucede tan deprisa que uno llega a él acostumbrado.

Es que cada día es por sí sólo, toda una vida, y ayer y mañana son vida ya vivida y días muertos y sueños que se confunden.

No existen, punto. Lo que pasó, ya pasó. Lo que va a pasar, a veces lo sospechamos, pero no lo sabemos. Escondido entre las cosas que deseamos, las que tememos, las que esperamos y, sobretodo, aquellas a las que estamos acostumbrados, presos de rutinas, está el futuro. Qué nunca llegará, porque sólo llega el presente y el presente existe en un instante y cambia. Mañana y Ayer son sólo sueños, uno distinto al otro, dos ilusiones.

Acumulo de instantes y cambios. No se puede abrazar, es agua que se escurre entre los dedos. Los cambios son la vida, vivimos cambiando. Así se entiende el cambio. Una marea que parece tener cierta rutina, cierto horario, que continua subiendo y bajando, pero llega a costas nuevas. El tiempo es como la corriente de un río que nos arrastra y sólo se puede dejarse llevar y contemplar todo lo que arrastra junto a nosotros y todo lo que queda en la orilla y vamos pasando.

El explorador

¿Cómo nos conocemos a nosotros mismos?¿Cómo encontramos nuestros gustos?¿Cómo estamos seguros de nuestras ideas?
Si no conocemos todas las músicas, todos los pasos, todos los libros, todas las ideas.

¿Cómo estamos seguros?

¿Cómo estamos tan seguros de qué es lo mejor?¿Cómo sabemos?

¿Y qué tal si no sabemos? Y todos los días reactuamos nuestra persona para que sea igual a la del día anterior o la reinventamos para incluir algo que no conocíamos, al escuchar un canto por primera vez…

Y cuando nos reinventamos ¿olvidamos acaso a la persona pasada, la que fuimos ayer? O somos conscientes de nuestro cambio, nuestro nacimiento, y la despedimos, igual que se despide a los muertos.

O tal vez podemos desligarnos de esa persona que supuestamente adora, ama u odia determinadas cosas y convertirnos en un explorador que no tiene otra pasión que encontrar nuevos sabores y canciones y no elige ninguno, no prefiere nada, porque sabe que tiene toda una vida para explorar y encontrar nuevas cosas. La persona se reactua, se reinventa, nace y muere. El explorador es, mientras haya vida. Así como el niño que avanza, descubriendo…

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